Etapa 3 Camino del Norte: El Pito – Soto de Luiña

Hoy me he despertado un poco mal debido a los cambios de temperatura de la habitación, pero las ganas de seguir “saliéndome del camino marcado” son más fuertes que el malestar que llevo.

Al salir nos hicimos una foto de “despida” (Nos encontraríamos unos días después), ya que cada uno sigue una ruta distinta.  Los primeros caminos por esta ruta son espectaculares, y no paro de cruzarme con muchos animales. De nuevo esta noche ha llovido, y los caminos están embarrados por lo se hace difícil caminar estable.

 

Por fin el sol se deja ver en muchos tramos del camino, y encima calienta de verdad, tanto, que solo me quedo con la camiseta técnica. Por el camino me paro en muchos lugares, y observo muchas cosas que no se ven en mi zona, como por ejemplo, unos pinos creciendo en el tejado de una casa, casas invadidas por la naturaleza, playas y acantilados solitarios…  y en la lejanía… observo que las montañas están nevadas… y pensé… ¿Me nevará por el camino?… más adelante lo comprobareis.

:: POR UN CAMIN SOSTENIBLE ::

El camino te deja en la entrada de Soto de Luiña, por lo que hay que recorrer unos 400 metros para entrar al pueblo. Justo cuando llegué a la carretera, empezó a chispear, y de lejos empecé a escuchar… “un auténtico peregrino”, “un auténtico peregrino”. Era un colegio de niños que estaban realizando una pequeña “manifestación” para intentar devolver a la humanidad un poco de ese sentido común, esa… que nos regalaron al nacer.

Su lema es, POR UN CAMIN SOSTENIBLE. Habían diseñado una serie de accesorios para mantener el camino libre de basura. Han diseñado accesorios, tanto para ciclistas, como para personas que lo hacen a pie, y todo, con material reciclados.

A mí me regalaron “mi cocha”, que me acompañaría en todo el camino, y que guardo con gran cariño. Es un tapón de leche, un cordel, y una pegatina con su frase. Lo enganché en la mochila a modo de concha y ahí se quedó colgado cada día de mi camino.

El albergue de Soto de Luiña está a mitad del pueblo, y llegar no es nada complicado. Es un colegio antiguo, el cual ha sido reformado por completo. Os impresionará su fachada, así como su amplio espacio exterior para alojar en verano a los peregrinos que acampan en la zona. El sitio es muy grande, y solo tiene unos cuantos calefactores, la verdad es que no hacía mucho frio dentro y seria por sus enormes paredes de piedra.

Llegué y no había nadie en el albergue, por lo que llamé a la persona que lo gestionaba y me dijo que vendría sobre las 16:00 de la tarde, aún faltaba mucho tiempo para esa hora, por lo que me fui a ver Cabo Vidio, donde también encontramos el famoso faro de  Vidio.

El Cabo se encuentra a poco más de 3 km de Soto de Luiña, pero el camino es muy tranquilo y lleno de paisajes.

Nada más salir del albergue y emprender el camino, una persona me preguntó que a donde iba, ya que se creía que me había salido del camino, le dije que dormía en Soto de Luiña, y que me iba a ver Cabo Vidio. Al día siguiente, desayunando en su bar,  me enteré que esta persona era Pepe, el antiguo Hospitalero, el cual me contó todos sus esfuerzos por mantener adecentado el albergue, pagándolo incluso, con su propio dinero.

Siguiendo mi camino me di cuenta que aún quedan personas en Asturias que tienen animales en sus cuadras, ya que según me contaron, mucha gente ya no tiene vacas, ni otros animales, ya que le suponen más gastos que ingresos, y todo debido a las grandes empresas afincadas en la zona.

Por el camino encontrarás un pequeño pesquero en homenaje a todos aquellos marineros que perdieron la vida en estas costas. Poco más delante encontraras una gran explanada, y de fondo el faro.

Nota: Bajo el faro, tenéis la Cueva de La Iglesiona, pero para bajar, necesitáis a alguna persona que conozca la zona. La bajada es corta, pero complicada, y luego tenéis el problema de la marea, que solo podréis entrar en la cueva si la marea está baja. Preguntar en el pueblo como podéis acceder, y seguro que encontráis la solución.

Como no tenía prisa, rodee el faro, y en uno de los salientes donde daba menos el viento me senté, y prácticamente me acosté un rato a descansar. Fue otro de los grandes momentos de paz y tranquilidad en mi viaje, ya que  al haber mal tiempo, no había nada de turismo en el faro.

Una vez descansado, comencé la vuelta hasta Soto de Luiña buscando un Bar donde comer un menú económico, el lugar elegido fue Bar Casa de Comidas El Único, un bar abierto hace unos años y en los que podéis degustar grandes platos caseros. Pedí menú, y de primero pedí fabes con pulpo, y como siempre pasa en Asturias, me trajeron una fuente para mí solo, esto en mi zona es impensable, ya que no existe ningún menú de esta calidad a este precio. Como sabía que el primero era un plato generoso pedí de segundo carne, y de nuevo era un plato grande, y la carne estaba muy tierna. Le dije a la chica que me atendió, que estaba todo buenísimo, por lo que recomiendo Bar Casa de Comidas El Único para hacer un alto en el camino. Antes de despedirnos nos hicimos una foto, y proseguí mi camino hasta el albergue.

Al llegar al albergue conocí a las dos personas que se encargaban del Hospedaje, y fueron encantadores. Me dijeron que podía dejar mis cosas ahí, y me recomendaron que bajara a la Playa  de San Pedro, y así lo hice. Dejé mi mochila en el albergue (en teoría no te van a robar nada, no preocuparse), y me fui unas horas a la playa. No había nadie, por lo que fue otro de mis momentos para pensar, e intentar desconectar un poco más de esa rutina que nos tiene atrapados sin ni siquiera saberlo.

Al cabo de unas horas volví al albergue, y al llegar, me encontré a Vendula, una chica de Republica Checa con la que coincidiría a lo largo de mi viaje, aunque cada uno tenía sus propios caminos. Hoy solo dormiríamos ella y yo en el albergue público. Por ahora, hay muy muy poca gente en el camino.

Aquí de nuevo me hablaron en Inglés… otra prueba de fuego para mí… Si os digo la verdad, no me enteré de mucho, XD,  pero lo que me quería preguntar era que cuando venían a sellar la tarjeta los hospitaleros, y que si podía llamar al albergue público de Cadavedo para comprobar si estaba abierto.

Yo me fui al camino sin llevar una guía, y solo llevaba apuntado en una hoja un poco de información sobre los albergues públicos y una alternativa por si estaban cerrados. Llamé a la Hospitalera, Mayte, que mañana la conoceréis. Una Hospitalera que no te dejará indiferente, con la que podrás hablar de cualquier tema con ella, y que te ayudará en todo lo que necesites…

Le pregunté si estaba abierto el albergue y me dijo que si, le dije que lo más seguro es que mi compañera y yo llegáramos al día siguiente. Nos dijo que si teníamos algún problema que la llamáramos, lo que fuera, que ella siempre estaba disponible. Me pareció algo “raro”, ya que las personas estamos perdiendo estos valores a medida que el dinero entra en nuestras vidas.

Sobre las 19:30 llegaron los Hospitaleros, y estuve hablando con ellos más de una hora, y explicándome que existen un camino alternativo por la montaña, pero que en esta época del año bajan los animales salvajes, y encima habría muchísimo barro, por lo que esta ruta era muy peligrosa.

Estuvieron más de una hora esperando a ver si venían más peregrinos, pero no fue el caso. El albergue cuenta con una sala donde se desarrollan actividades de zumba, baile… por lo que hasta las diez y algo de la noche no acabo la música. Si estás cansado, da igual que te pongan la música alta, vas a dormir igual.

Hoy la cena fue un bocadillo con embutido, y como siempre, algo de postre que compartí con Vendula. Me hice un bocadillo para el día siguiente, por lo que ya tenía el almuerzo o la merienda lista.

Hasta mañana viajeros!

Mi gasto de hoy:
Comida: 10 euros
Supermercado: 6 euros
Albergué: 6 euros
Total del día: 22 euros

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